Aquella mañana nos calzamos nuestras botas y, con abrigo, bufanda y guantes, salimos prontito de casa dispuestos a disfrutar de la nieve.

Fuimos, Patricia y yo, de parque en parque. Empezamos por el del Alamín; bajamos hasta la puerta de Bejanque, entramos en el parque de San Francisco y después en el de la Concordia, el parque más céntrico de Guadalajara, por ello es lugar de encuentro para el paseo, juegos de niños o leer el periódico.
Este era el fenomenal aspecto que presentaba el paseo de su eje mayor.


