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Curiosa escena: una chica posa junto al caballo; el chico la retrata; el del paraguas retrata al caballo; el que camina mira al suelo; la niña lo mira detrás de su padre que también mira la escena; cada uno a lo suyo.
Yo los saco a todos y...
¡nadie me mira a mi!
Es una de esas fotos que te encuentras revisando carpetas.
Fresca estaba la mañana. Fresca y lluviosa.
Éste era el ambiente de las calles de Gante el 14 de septiembre pasado.
Monumentos hay en cada sitio dignos de ver y de admirar; pero cuando quiero disfrutar del lugar, paseo, camino y, como si fuera invisible -¡ya me gustaría de vez en cuando!- siento la vida cotidiana de las gentes que, nada más y nada menos, viven.
El canal o mejor, uno de los canales. La navegación llega hasta Amberes desde el mar. Una importante ruta de mercancías desde hace siglos.
Aguas aparte, esta ciudad tiene una gran riqueza en arquitectura, civil y religiosa, y un encanto especial en cada uno de los rincones de sus calles y plazas.
Bonita ciudad. Coqueta y con mucha vida.
Los tranvías recorren las calles cruzando canales con cuidado de no atropellar a los distraídos peatones.